La ventaja de las chinchillas correctamente mantenidas es que no tienen demasiada propensión a los partos problemáticos. Esto no quiere decir que no puedan exhibirse, y que cuando lo hacen pueden poner en grave riesgo tanto a la madre como a las crías.
Habitualmente, los partos tienen lugar muy temprano por la mañana. Las chinchillas no construyen un nido propiamente dicho, pero suelen utilizar una caja-nido que guarda el calor y permite que la cría nacida en primer lugar no tenga hipotermia mientras nace el resto de la prole.
En el parto, la chinchilla no se queda pasiva, sino que utiliza su boca para ayudar a extraer a cada una de las crías. Se incorpora sobre sus patas traseras, entre las que introduce su cabeza y asiendo la cría con la boca la extrae y la dirige hacia delante.
Luego procede a la limpieza del gazapo. Al terminar el parto la chinchilla madre se come las placentas, por lo que puede aparecer con la nariz y las patas delanteras manchadas de sangre. Durante todo el progreso del parto se ve a la hembra intranquila y haciendo pequeños ruidos. No da la sensación de ser un asunto demasiado doloroso ni traumático para la hembra.
En las chinchillas domésticas se ha visto que las camadas suelen ser menos numerosas y que el número de machos por camada suele ser mayor que en el caso de las chinchillas criadas en laboratorio o granjas de peletería.
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